LA SETA DE CARDO

Nuestra conocida, en ocasiones abundante, y siempre apreciada seta de cardo, es una gran desconocida en la mayor parte de los países de Europa, salvo en Italia y Francia, motivo por el cual es difícil encontrarla en los libros extranjeros, y en España tampoco es muy abundante fuera de Castilla, Aragón y el sur peninsular. Esto muestra la querencia del hongo al clima mediterráneo, y nos convierte en unos privilegiados, frente a la población de otras latitudes, que desconoce su exquisito sabor.

La seta de cardo es un basidiomiceto del orden Agaricales, es decir, tiene basidios (que son uno de los dos tipos de esporangios, o lugares productores de esporas, que pueden tener los hongos; el otro tipo son las ascas, que poseen los miembros de la clase Ascommycetes) y láminas. Kühner & Romag la incluyeron en la familia Pleurotaceae en 1953. En 1821 Friés creó el género Pleurotus, que significa algo parecido a “oreja de lado o de costado”, en alusión a la forma de las setas pertenecientes a dicho género. Y nuestra seta, para nacer, necesita de la presencia del cardo corredor, el Eryngium campestre. Con estos comentarios es fácil explicar el nombre científico de nuestra protagonista: Pleurotus eryngii. Necesita de este cardo, o de otras plantas umbelíferas como el cardo borriquero o el setero, porque es saprófita, es decir, se alimenta de ellas, de sus tallos enterrados y de sus raíces muertas.

A continuación, vamos a describir la forma del carpóforo, es decir, el cuerpo visible del hongo, que es lo que recolectamos. Tiene un sombrero de entre 3 y 15 centímetros de diámetro, aunque no suele pasar de 8. Comienza convexo para llegar a hacerse deprimido en el centro y con margen curvado y ondulado. Posee una cutícula (la piel que cubre el sombrero) separable, normalmente lisa, aunque en ocasiones puede tener alguna escama. Las láminas son muy decurrentes, es decir, bajan por el pie, de color blanco a pardo claro, y arqueadas. Para los estudiosos, en ellas están las esporas, blancas, cilíndricas, hialinas y no amiloides, con basidios tetrásporicos. El pie es corto, de 2 a 5 centímetros de largo, excéntrico y de color blancuzco o crema claro. La carne es blanca, algo elástica y tenaz, con olor débil pero agradable. Se puede conservar muchos años habiéndola desecado previamente.

Suele aparecer, si las condiciones son buenas, diez días después de las lluvias, más en otoño, pero también en primavera, en eriales, descampados prados y campos secos. Si bien esta seta es muy bien conocida por todos, no está de más recordar, especialmente a los recién iniciados en estos temas, que es fundamental extremar las precauciones y poner el máximo cuidado para no confundirnos con otras especies, como las Clitocybe trullaeformis, la rivulosa o la dealbata, algunas de las cuales contienen toxinas como la muscarina, que nos puede llevar al hospital si no ponemos atención en las identificaciones. Ante la más mínima duda, cualquier seta debe ser desechada.