EL
PINO RESINERO
DESCRIPCIÓN
Este árbol es denso, piramidal de joven y acampanado de
adulto, de gran porte, alcanzando algunos ejemplares
excepcionales los 40 metros de altura y los 4 de perímetro
en el tronco. Tales envergaduras son posibles gracias al
sistema radical más fuerte de todos los pinos españoles,
con una raíz principal y multitud de secundarias. La
corteza, negruzca en su juventud, aparece con los años
recorrida de profundos canales que dan lugar a las “
pizorras”, trozos de corteza que han servido para el
infantil diseño de barquitos durante generaciones. Son de
un marrón rojizo oscuro, que se aclara al arrancar las
capas superiores, asemejándose a los tonos de las
areniscas, donde nace frecuentemente, y de donde le viene
otro de sus apelativos: rodeno.
Las hojas o “pinochas”, acículas hablando con propiedad,
son bastante largas, de hasta 25 centímetros, de un verde
intenso y se disponen en pares puntiagudos y rígidos.
Permanecen en el árbol durante 3 ó 4 años.
Las piñas son las más grandes de todos los Pinus (nombre
procedente del latín pix = resina) y ayudan a encender
estufas y chimeneas con facilidad, sin necesidad de usar
las dichosas pastillitas blancas del híper, aunque para
ello no hay que recogerlas tras las lluvias pues, aparte
de la humedad, se cierran sobre si y encienden peor.
Pequeñas, colgantes en el árbol, son resinosas y de color
rojizo; al crecer pierden su forma ovoide y pasan a ser
cónicas, de hasta 22 centímetros de largo por 8 de ancho.
Maduran al final del segundo año, pero no sueltan los
piñones hasta el tercero. Éstos son negros y menores
de 1 centímetro, con un ala de
unos 3 centímetros que les ayuda a desplazase, con el
viento, lejos de su pie original. A pesar de ser bastante
duros son comestibles. Pregúntenles si no a las ardillas,
que dejan las piñas en el esqueleto mientras los buscan.
Florece en primavera y fructifica en el otoño del año
siguiente, proceso que repite de media unas 150 veces,
aunque puede llegar a vivir el doble, 300 años.
HÁBITAT Y USOS
En España crece en el litoral mediterráneo
y a no excesiva altura, hasta 1500 metros, en la zona centro. Teniendo
en
cuenta que soporta bien las sequías estivales y las
heladas invernales, prefiere zonas soleadas, sobre suelos
arenosos y pobres de cal. Es un árbol que se ha utilizado
mucho en repoblaciones, dada su poca exigencia respecto
del terreno, su crecimiento, el más rápido de los pinos
españoles, y la utilidad dada a su resina, actividad ésta,
la del resinado, que se ha perdido en la mayoría de los
sitios desde hace años.
Para obtener la resina o trementina el pino era
descortezado o “derroñado” con el “barrasco”,
y “picado” con el “hacha gubia,” en invierno
y primavera, por un resinero, de abajo a arriba, a lo largo de 5 años
(no se solía llegar al sexto por la altura que alcanzaba, a 50
o 60 centímetros por año), por cada uno de sus 4 lados,
colocando un tiesto o “casco” de barro sobre un clavo y
bajo una chapa que recogía la resina. Así, un pino solía
sangrarse durante más de 20 años, obteniendo de él
una
producción media anual, según las zonas, de unos 2 ó 3
kilos de resina.
La resina era recogida durante el verano por los
remasadores, que juntaban en latas el contenido de los
cascos y vertían éstas en cubas que posteriormente se
conducían a la fábrica, donde la resina era tratada para
obtener, por destilación, aguarrás o esencia de trementina
y colofonía o pez griega. La primera se usaba para
marroquinería y joyería y la segunda en barnices, pinturas
y jabones.
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