EL PARASOL

En este artículo hablaremos de la Macrolepiota procera o, como comúnmente se la conoce, parasol, cachopo o galamperna, según las zonas. Como saber nunca está de más, añadiré que en Galicia recibe los nombres de zarrota, choupín o cogordo; además, mientras que no abren el sombrero les llaman monxos (monjes) y cuando éste está totalmente extendido son patamelas. Antes de pasar a describirla mencionaré dos dichos de esta bella tierra, que nos explican su comportamiento y uso:
- Zarrota, zarroteira, dime onde está a tua compañeira (parasol, dime donde está tu compañero), que alude a la presencia frecuente de múltiples ejemplares juntos.
- Esta zarrota non é boa porque o monxo xa dixo misa (este parasol no es bueno porque el monje -recordad que a la seta joven le llaman monje- ya dijo misa), que indica que no es bueno coger ejemplares viejos.
Es una seta de gran tamaño, tanto que no es raro encontrar ejemplares con un sombrero alrededor de los veinte centímetros de diámetro, alcanzando incluso, en casos extremos, el medio metro. Por esta característica, y por su largo pie, no es difícil encontrarlas en praderas y bordes de caminos preferentemente, aunque también en pinares, hayedos, brezales y otros hábitats a lo largo y ancho de la piel de toro. El porqué del gran tamaño, tanto de sombrero como de pie, lo encontramos en la necesidad que tiene esta seta de ganar una posición elevada que le permita soltar sus esporas por encima de la hierba, entre la que frecuentemente se encuentra, para facilitar su dispersión y hacer que la reproducción se produzca de manera más efectiva.
El nombre del género (Macrolepiota) debe su nombre al vocablo lepis, que significa escama. El parasol, como miembro destacado de este genero, presenta escamas tanto en la superficie del sombrero como en el pie. Hablando del sombrero, es mamelonado, es decir, tiene un “pezón” central, y por debajo tiene láminas blanquecinas y libres, o sea que no llegan a tocar el pie. Éste tiene anillo, y si queréis no errar en vuestra identificación, comprobad que dicho anillo es móvil y puede desplazarse a lo largo del pie. Si esto no se produce, podréis determinar que vuestro ejemplar no es un parasol.
Si el ejemplar que pretendéis identificar no tiene escamas en el pie y rojea al corte, podéis encontraros ante la Macrolepiota venenata, que como su propio nombre indica es venenosa, o ante la Macrolepiota rhacodes, que es comestible; así pues, tened cuidado. La M. venenata, de porte grande, rompe una regla, falsa como casi todas en este mundo de los hongos, y es la de que todas las lepiotas de gran tamaño son comestibles. Olvidaos siempre de las reglas infalibles y universales; solo conocer cada seta evita posteriores lamentos. Y en este caso sí añadiré una recomendación: procurad evitar recoger ejemplares pequeños de M. procera pues se pueden confundir con ejemplares venenosos de Lepiotas.
Volviendo a nuestro parasol, puede aparecer desde el fin del verano hasta el fin del otoño, aunque como gran parte de estos seres, se les encuentra en mayor número en octubre, especialmente en nuestro pueblo, donde las heladas son tan tempranas.
Como formas de cocinarlas señalaré las que he visto en artículos gallegos: bien a la plancha con ajo y agua salada, bien cocidas con patatas y una ajada o bien cocidas en leche si son jóvenes. Particularmente, recomiendo comerlas rebozadas, sin dejar que pase mucho tiempo desde la recolección y evitando así introducirlas en la nevera, que por mi experiencia es algo que no les sienta bien.
Recordemos también que los hongos en general tienen una gran capacidad para acumular metales pesados (talio, cadmio, plomo), tóxicos para los humanos, por lo que no es recomendable consumir aquellos que aparecen cerca de carreteras con mucho tráfico, minas, fábricas, etc. Aunque no sea el caso de nuestro pueblo, conviene tenerlo en cuenta si buscamos setas en otras zonas que visitemos.