EL NISCALO

Es un hongo que recibe una multitud de nombres, en función del lugar en que nos encontremos, y en Luzaga, para no ser menos, le conocemos también como mizcle, al igual que en otras zonas de Castilla.
Aunque a alguno le sorprenda, este hongo era, no solo conocido, sino muy apreciado, en la antigua Roma y podemos encontrarlo dibujado en frescos de casas de Pompeya y Herculano.
Su nombre científico, Lactarius deliciosus, le viene por su sabor y por la leche que segrega al ser cortado. El género lactarius fue creado por el botánico Fries en 1812, y se caracteriza, precisamente, por este látex que mana de las heridas de las especies que lo integran. Según esta substancia se establecen dos grandes grupos, los de leche blanca inmutable y los de leche coloreada o que se colorea. En este último encontramos los lactarios de leche roja o anaranjada (Dapetes) en los que se incluye nuestro buscado amigo.
En la península tenemos seis variedades comestibles de lactarios, y una poco recomendable. Aunque puede ser difícil diferenciar estas seis variedades entre sí, la confusión con otra seta es prácticamente imposible, aunque hacemos un nuevo llamamiento a la prudencia de los novatos.
En nuestro pueblo suelen aparecer, de manera más abundante, en octubre y noviembre, pero, en función de las lluvias, este periodo puede alargarse. Si hay humedad suficiente y la temperatura nocturna varía entre 5ºC y 10ºC pueden cogerse en septiembre y diciembre, aunque no es lo habitual. Incluso pueden salir en primavera, si ha llovido profusamente y no hay heladas, ya que estas impiden su aparición. Aunque hemos de tener en cuenta que bajo las pinochas la temperatura es más alta y palia la acción del frío.
En España, es el hongo comercializado que más toneladas suministra al mercado, hasta 20.000 en años propicios, y la mayor parte nos la comemos los españoles, ya que se exporta muy poco.
Su hábitat son los pinares (con pinos de las variedades piñonero-pinea, salgareño-nigra, albar-sylvestris y resinero-pinaster, como el nuestro), preferiblemente los jóvenes y de repoblación, ya que apenas encuentran competencia con otros hongos. Su asociación con los pinos ha sido estudiada en España, cultivando en vivero el pino productor de níscalo. El cultivo del micelio es lento y costoso, pero una vez conseguido, se añade a los pinos en el invernadero y estos, una vez transplantados, pueden llegar a formar un pinar que en cuatro años ofrezca una producción de 400 kilos de níscalos por hectárea.
Aunque todos hemos cogido níscalos alguna vez, hemos de recordar que esta recolección ha de ser cuidadosa, sin emplear palos, bastones, ni por supuesto rastrillos o guadañas, como, por desgracia, ocurre en algunas zonas, cada vez con más frecuencia. El empleo de estas herramientas conlleva la destrucción de los micelios, con la consiguiente pérdida para el ecosistema. Si esto no es suficiente para cambiar estas agresivas conductas, pensemos también que cada año será más difícil encontrar níscalos. Si no respetamos la Naturaleza por los demás, al menos, hagámoslo por nosotros mismos.
Sus propiedades alimenticias son similares a las del resto de las setas, y parecidas a las de verduras y hortalizas. Tienen un 2% de proteínas, un 4,5% de hidratos de carbono, pocas calorías, mucho potasio y bastante hierro, y vitaminas B, D, E y C, entre otros elementos.
Aunque su sabor no sea tan fino como el de los boletos o las setas de cardo, es una seta de buena calidad gastronómica y, aunque la cosecha no sea abundante, nos sirve de excusa para dar una vuelta por el pinar, paseo que siempre resulta gratificante.