EL DIENTE DE LEÓN

La planta de la que nos ocupamos es una de las más conocidas y curiosas del término de Nuestro pueblo. Decimos curiosas por sus frutos volantes, a los que todos conocemos como molinillos de viento, y que más tarde describiremos. El diente de león, o taraxacum officinale en su denominación científica, es una planta vivaz de la familia compositae, que crece espontáneamente en las zonas donde encuentra agua con relativa facilidad. Posee una raíz carnosa y algo gruesa que segrega un látex o leche blanquecina cuando se corta, cosa que ocurre también en el resto de la planta. Del extremo de la misma nacen, a ras de suelo, sus hojas, de un verde intenso, y unos alargados tallos, de entre 15 y 30 centímetros de altura, en cuyo extremo aparece una “flor” amarilla. El escribir flor entre comillas es porque, lo que nosotros apreciamos como tal, es en realidad un capítulo o una inflorescencia en capítulo, es decir, un conjunto de pequeñas flores liguladas, apretadas unas contra otras. Así, lo que parecen los pétalos de la flor, son la corola de las diminutas florecillas que, unidas, ejercen un reclamo más eficaz sobre los insectos, utilizados por la planta como polinizadores. Cada pequeña florecilla del capítulo, tras ser fecundada, dará un fruto muy pequeño y rematado en un largo filamento que sostiene el vilano en lo alto. El vilano es el “aparato de vuelo” que poseen algunos frutos para ser llevados por el viento y poder esparcir sus semillas en otros lugares. Cuando la planta madura, todos estos frutos con sus vilanos forman la característica bola blanca o molino de viento. El nombre de la planta proviene de la forma de sus hojas, alargadas y dentadas, a veces, hasta el nervio principal, aunque también pueden ser lisas, sin cortes marcados. Su hábitat es muy extenso, pero es más fácil encontrarlo en el borde de los prados. Prefiere el ambiente húmedo y fresco, pero le podemos encontrar también en zonas calurosas, aprovechando las sombras. Florece de principios de primavera a finales de otoño, según las condiciones del clima, y cuando sus capítulos se marchitan, aparecen en su lugar los mencionados molinillos.
Para referirnos a sus cualidades comenzaremos por el nombre genérico de la planta, taraxacum. Este término proviene de tarxis, que significa inflamación ocular, lo cual nos da idea de una de las aplicaciones de esta planta
que, desde hace siglos se usa para los cuidados oculares. Toda la planta contiene principios amargos, estimulantes de las secreciones gástricas. Sus hojas, tomadas crudas, poseen, por ello, cualidades aperitivas y tonificantes. Las jóvenes contienen vitamina C en abundancia y son muy ricas en ensalada. También se pueden tomar hervidas, pero en mucha cantidad pueden resultar amargas en exceso, según los gustos. Por ello es mejor recolectar las hojas recién brotadas, que son más suaves y mejores. Sus raíces, picadas tras ser secadas al sol, con una incisión en el centro, sirven, al igual que la achicoria, abundante también en nuestro pueblo, como sustituto del café, sin los inconvenientes de este y con beneficios para el estómago.
Finalmente reseñar que esta planta es recomendable también para los diabéticos. Su jugo tiene un efecto fortaleciente sobre todo el organismo y posee propiedades medicinales contra la falta de apetito y la hidropesía (acumulación de líquido en cavidades o tejidos). Los principios amargos del diente de león fortalecen el estómago, mejoran la digestión y ejercen un efecto beneficioso sobre hígado, riñones y vesícula biliar.