LA BRECINA

Caminando por numerosas zonas del pinar podemos ver brecina, un pequeño arbusto perteneciente a la familia de las ericáceas, en la que se incluyen también las azaleas y rododendros (altamente tóxicos), los arándanos y los madroños, cada uno en su género respectivo.

DESCRIPCIÓN

La Calluna vulgaris, pues ese es su nombre científico, crece hasta algo menos del metro de altura, con unas ramitas rojizas en las que se disponen las hojas opuestas y decusadas, es decir, una frente a otra y en ángulo de 90º respecto de las hojas de arriba y de abajo. Éstas son cortas y, apretadas, se mezclan formando 4 filas en forma de cruz. Las flores se disponen en racimos laxos, axilares o terminales, con pedicelo (el rabillo de la flor en las inflorescencias compuestas) muy corto; la corola, que aparece lobulada, es de color rosado y más corta que el cáliz, a pesar de lo cual las anteras de los estambres no sobresalen de la misma. Recordemos que la antera es la parte más abultada del estambre, situada en el extremo del mismo. El berezo, como también conocen esta planta en algunas zonas de Castilla, florece en verano y otoño, de norte a sur, produciendo frutos capsulares.
Se desarrolla en bosques, en zonas de monte bajo y en landas, abundantes en suelos ácidos de la zona noroeste de la península. Necesita algo de humedad para crecer con fuerza.

USOS

Calluna procede del griego kallunein, que significa barrer o limpiar, pues éste era el uso que se la he dado a las ramas de esta planta, la confección de escobas. En la zona mediterránea se usa también para tejadillos o cubiertas y cortavientos.
En cuanto a sus usos medicinales, aporta varios remedios. Se usan sus puntas floridas, maceradas, para preparar un linimento con el que paliar el reuma a través de fricciones. También este emplasto es efectivo contra los sabañones. Además, gracias a la presencia del alcaloide ericodinina, es útil en el tratamiento de infecciones urinarias, cistitis e inflamaciones de la vejiga, siendo además diurética.
Otros usos dados a esta planta son: como aditivo en bebidas de tipo “ale”, como la cerveza; para curtir, por su alto contenido en taninos; en la elaboración de miel, en estrecha colaboración con las abejas; como leña y carbón vegetal, de alto poder calorífico; en la fabricación de pipas; y como tinte gracias a un pigmento amarillo que suelta la planta al cocerla junto con la ropa.