EL BELEÑO
Si alguien no sabe aun de que planta trata este artículo, quizás sea porque cuando en Luzaga alguien se refiere a esta planta la llama cacahuete del diablo. Efectivamente, el Hyosciamus niger L., o beleño negro, es esa planta que encontramos en el monte, en los vertederos, las paredes de parideras y cerrados o cualquier sitio abandonado, y cuyos frutos tienen forma de cacahuete, abierto por un extremo.
Esta planta herbácea anual, de la familia de las solanáceas, posee unas flores con forma de campana, de color amarillo claro con venas rojas y oscuras, que crecen en el ápice del tallo en primavera y verano, según las zonas, y unos frutos que, como ya dijimos, tienen también una forma acampanada, y guardan en su interior un gran número de pequeñas semillas. Toda la planta está recubierta de un vello suave y algo pegajoso, y su olor, aunque no es fuerte, es desagradable.
En cuanto a sus propiedades, hay que decir que el beleño contiene dos potentes alcaloides, la hiosciamina y la escopolamina, que producen somnolencia y perdida de conciencia, actuando también sobre la psique como auténticas drogas, lo que ha motivado que, en ocasiones, algunos drogadictos le hayan utilizado, con gran riesgo para sus vidas, ya que la dosis necesaria para que actúe como psicotrópico está muy cerca de la dosis que resulta mortal para el hombre. Este comentario lo hacemos porque pensamos que uno de los mayores riesgos en este tipo de temas no es el conocimiento, sino precisamente, la falta de información.
Por estas propiedades, el cacahuete del diablo ha sido utilizado desde la antigüedad como anestésico, y se supone que, junto con la mandrágora y la belladona, formaba parte de la famosa tríaca que Hipócrates utilizaba como somnífero, y que en malas manos sería mortal, puesto que las tres plantas son sumamente venenosas. También se conoce su empleo como calmante del dolor de muelas, y precisamente es este el uso que se le da en el Papiro de Ebers, de origen babilónico, quince siglos antes de nuestra era. De hecho, en Molina de Aragón, donde le llaman pólvora del diablo, lo queman sobre ascuas y dirigen el humo con un embudo hacia las doloridas muelas del paciente. En la Edad Media encontramos numerosas referencias a esta planta, entre ellas un refrán que aclara sus cualidades contra el insomnio: “al que toma beleño, no le falta el sueño”. Y también se sabe que ha habido gente que ha liado sus hojas para hacer cigarrillos antiasmáticos. Finalmente, también se cuenta que los gitanos echaban las simientes del beleño en las ascuas de los baños públicos, para que los bañistas se atontaran y les pudieran robar más fácilmente.
Como curiosidad, comentaremos que esta planta era una de las preferidas de brujas y magos en la Edad Media y el Renacimiento, muchos de los cuales acabaron en la hoguera, en Europa central, acusados de relacionarse con el diablo, cuando lo único que hacían era “ver” a Lucifer gracias a que estaban totalmente drogados. Si hubieran querido ver burros volando, con este método seguro que también lo hubieran conseguido.
En la actualidad esta planta se emplea para la curación o mejora en enfermedades como el Parkinson y otras parálisis pero, obviamente, a nivel médico, no a nivel popular.
Según los expertos, en caso de intoxicación por esta planta, lo más oportuno es provocar el vómito, hacer un lavado de estómago, suministrar al intoxicado una suspensión acuosa de carbón, que absorbe los alcaloides, y una purga.
Aunque a muchos nos guste el campo, ya veis que hay que tener mucho cuidado con ciertas plantas; en Luzaga tenemos una gran variedad de flora, y plantas como las venenas (dulcamara), la madreselva, la leche interna (leche trezna) o el propio beleño son altamente tóxicas.
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